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EL PORQUÉ DEL RESULTADO DE AYER; CASI UNA FOTO DEL 2015, VEAMOS:

La unidad del peronismo selló la suerte de Macri, que mantuvo su caudal electoral y hasta lo aumentó con relación a las PASO. Paradójicamente, eso puede dar certeza a los mercados.

Nacionales | hace 3 años

#Coincido con Ignacio Zuleta, y agrego de nuestro coleto la visión local y regional. 

#Pese a que los bonaerenses eligieron un gobernador de La Cámpora, toda una novedad, aunque JxC logró retener 71 de los 135 distritos.
Ganó La Plata 48,72% para Garro, Mar del Plata 40,43% para Montenegro y Bahía Blanca 50,90% para Gay el mayor caudal provincial, que tiene en la sexta sección a una formidanble organizadora, la senadora Nidia Moirano.

#JxC efectivamente ganó en las principales ciudades bonaerenses; aunque perdió bastiones importantes como Quilmes, Pilar y Morón, pero el equilibrio político no refleja las cifras totales que se dieron para gobernador. El enálisis general, es casi un calco del 2015, excepto el 20% que entonces se llevó Massa.

#Los mercados –inversores y público– buscaban algún ancla de previsibilidad. Y estaba en la estabilidad del voto. Los resultados fijan la misma foto de 2015. Con eso solo, el peronismo festeja el ingenio de la estrategia de la unidad, que le devuelve el poder después de cuatro años. 

#El arco no peronista, que representó Mauricio Macri, alcanzó ayer el mismo porcentaje de votos que cuando enfrentó a Daniel Scioli, con la diferencia de que no existe la disidencia Massa, que en aquel año representó 20 puntos y cifró la derrota del peronismo.

#Fue por poco, ahora, es más, pero Cambiemos fue y es un partido de minoría y el peronismo una formación de mayorías. Se le puede ganar cuando está dividido y el no peronismo encuentra un líder y un programa plausible, porque tiene el respaldo histórico de 38/40 de los votos en la Argentina.

#En estos cuatro años el respaldo de las fuerzas mayoritarias no se ha modificado sustancialmente, y se ha mostrado indemne a las campañas, al desgaste de la gestión de gobierno y al esmeril del desprestigio judicial del peronismo. Esta Argentina a repetición puede defraudar a quienes creen en las fantasías electorales, que expone a todos a situaciones altamente alucinógenas.

#La gente en campaña suele ver visiones, cree que le va bien, cuando en realidad le va como la mona. Y viceversa. Pero tiene también su costado de solidez y previsibilidad. Afirma el carácter altamente racional del voto y que el público, la base, no se timbea con la fragilidad y la movilidad de los dirigentes. 

#Aunque se divague, esta es la sociedad que tenemos. Lo que hay. El voto popular en la Argentina sigue inconmovible, y ahí está quizás la previsibilidad que se le pide al país. Muchos la buscan en el lugar equivocado, pero está allí. A esa estabilidad de las tendencias debería mirar el dólar y no tanto a la mente calenturienta de los comentaristas de cabotaje. Ni a los medios que participan de los negocios de la política, menos aún a los disfrazados de periodistas y mercenarios contratados. 

#El peronismo gana porque tuvo el instinto de preservación de unirse, aunque le costase sacrificar a sus principales dirigentes en la cabeza de las fórmulas decisivas: Nación y Buenos Aires. Tampoco expuso a ninguno de los gobernadores a la pelea electoral. Y menos al más poderoso de todos, Juan Schiaretti.

#Con esto bastó para que las tribus que se habían dividido desde 2009 se reconciliasen después de una década de derrotas. Fue un acierto estratégico descomunal para una fuerza que no tiene liderazgo fuerte desde que Carlos Menem abandonó el poder hace 20 años.

El peronismo se afirma además como una liga de gobernadores que confronta desde el interior con el peronismo metropolitano. En 1999 ensayó el mismo envión, y lo mandó a la casa a Eduardo Duhalde. Esta vez la sacó a Cristina de la fórmula. Eso explica el afán de Alberto Fernández de aferrarse a los mandatarios de su partido que: 1) le dieron a él la oportunidad que nunca soñó de ser presidente; 2) demostraron un olfato pampa para prosperar de la mano del gobierno de Mauricio Macri, que los hizo ricos como nunca y los habilitó a gestiones prósperas, que les permitieron reelegir sin problema.

#Al oficialismo no le alcanzó con la estrategia de la polarización. Gobernó bien la política, convirtió a los gobernadores en exitosos y es víctima de su propio invento. Justicia poética. Debió crear un movimiento más comprensivo y que superase la hipótesis de que el mal era el kirchnerismo y que la sociedad lo iba a rechazar.

#Se equivocó en no diferenciarlo del peronismo. La salida era la creación de un nuevo movimiento, que tuviera como eje al peronismo republicano de Schiaretti y Pichetto, que ayudó a gobernar desde 2016 en el Congreso y en la mesa de los gobernadores. Debieron reforzar a la Alternativa Federal que tuvo su pico más alto en la victoria de Schiaretti con su reelección en mayo. Esa mesa aterró al gobierno y al Instituto Patria. En menos de una semana, Cristina se bajó de la fórmula. Cuando reaccionaron era ya tarde.

#La convocatoria a Miguel Pichetto para la fórmula se hizo porque en junio el gobierno recibió encuestas que ponían a Macri 15 puntos debajo de la fórmula F&F. Esto los unió en el concepto y también en la línea de batalla. Que terminen sepultados por la liga de gobernadores es una triste consecuencia de su propio gobierno. Prueba la hipótesis de que en política lo que te sirve para llegar no te sirve para gobernar, y lo que sirve para gobernar no te sirve para ganar.

#Llevado por la euforia del triunfo legislativo en 2017, los endogámicos del Pro provocaron hasta la pelea a los radicales y a los acuerdistas cercanos al peronismo –Monzó, Frigerio, etc. La captura de la gestión económica por la mesa de Olivos –Peña, Dujovne– hizo estallar la economía, que terminó enredada en las patas del acuerdo con el FMI. El poder territorial estaba también amenazado por los resultados de esa elección exitosa. En octubre de 2017 fue derrotado el peronismo moderado en Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Entre Ríos, La Rioja, Salta. El cristinismo rabioso ganó en San Juan, San Luis, Santiago del Estero, Tucumán.

#Debieron llamar a Pichetto dos años antes y hubiera venido con cinco gobernadores. El gobierno y el Patria temieron quedarse, alguno de ellos, fuera de la polarización. Por eso dinamitaron la mesa del peronismo republicano. Con ese grado de polarización el proceso de final en primera vuelta era esperable, como adelantó esta columna hace seis meses. 

#La polarización promovió la reconciliación de todos los peronismos, y aisló las banderas del ala republicana, cuyos jirones llevó Pichetto a Juntos por el Cambio. No bastó.

#Pagaba el oficialismo la endogamia de la mesa de Olivos que no sólo fumigó a los acuerdistas del gobierno, sino que se cerró a cualquier negociación desde 2016, cuando Pichetto ofreció junto a Ernesto Sanz un Acuerdo del Bicentenario. Por no acordar, Macri termina el mandato sin reelección, con todo el Banco Central en comisión, sin Procurador de la Nación, sin Defensor del Pueblo, y con una banca menos en el Consejo de la Magistratura. Es comprensible que con ese ánimo fracasase cualquier armado de un movimiento superador de la coalición electoral de 2015-2017, que sacase a Cambiemos de su estatura de partido de minoría. Seguirá siendo eso, ahora en la oposición.

#La política es un negocio de representación. El clic se produjo cuando Macri pasó de ser quien escucha e interpreta al público de clases medias, al conductor que le quiere explicar sus ideas a la gente y pide que lo sigan. Cambió su negocio y cambió de fase. Nadie tiene hoy fuerza, en mundo, para mover al público a aceptar y respaldar medidas antipáticas. El llamado al esfuerzo le transmite al público la idea de que quien los gobierna los menosprecia.

#El público es sabio, y cuando se siente interpretado cede el voto; cuando le dicen que está equivocado, que debe entender lo que no entiende y que tiene que dejarse llevar de la mano, abandona al líder. "El pueblo -dice el constitucionalista americano Bruce Ackerman- no es el nombre de un ser sobrehumano, sino el nombre de un proceso ampliado de interacción entre las élites políticas y los ciudadanos ordinarios" ("We the People II. Transformaciones"). Macri pasó de ser el representante de un sector mayoritario de la sociedad, a subirse al estrado como adalid de una vanguardia iluminada. El mismo proceso que había bajado al peronismo cristinista del poder en 2015. Se convirtió en víctima de una estrategia equivocada para hacer prosperar en 2019 su fórmula de 2015, el Partido del Ballotage.

#En sus reflexiones del fin de semana en Los Abrojos, Macri admitió que "a ser presidente se aprende siendo presidente". No completó el aprendizaje al creer que la economía arrastra a la política, cuando es la política la que provee el insumo básico de la economía, que es la confianza, la previsibilidad y el futuro que es, a su vez, el producto primario de la política. Cuando debió explicar las malandanzas de la economía, sintetizó sus problemas en cuatro causas que no pudo dominar: la salida de capitales de los emergentes a los países centrales, que dejó al país sin crédito o a una tasa impagable; la sequía de 2018; la causa de los cuadernos, que fumigó la confianza de los inversores externos, reacios a venir a un país de ladrones; y la creciente figura de Cristina de Kirchner como dueña del futuro. La responsabilidad de él como político estaba en haber previsto las vulnerabilidades que creaban en los mercados. No puede decir que esos cuatro factores, si son ciertos, hayan encontrado a su gobierno sin una alternativa de previsión y de solución.

#No puede acusar a la oposición de ser peronista, una ingenuidad en el concepto y en el discurso.

#Para el país que viene, Macri cree que con el porcentaje de votos que alcanza aferra el arco completo del voto no pejotista. "Si nos va mal, habremos llegado al final del gobierno con Cambiemos juntos, sin divisiones, y con un liderazgo firme".

#Con esas palabras, que compartió con su entorno y los referentes de Juntos por el Cambio, con quienes se comunicó el sábado, adelantó que ha pisado para él el cargo de presidente del Pro, que deja en las próximas semanas Humberto Schiavoni. La decisión la conversó con el otro jefazo del oficialismo, Horacio Rodríguez Larreta, y también con Miguel Pichetto, que le respondió que permanecerá en esa formación en el futuro. Decisiones urgentes, quizás solapadas con estridencias más notables, pero que importan para los días que vienen.

 FUENTES: Ignacio Zuleta. Clarín. La Política On Linea. Bahía View. Editor y agregados: N.A. Martínez Falcón.-

 

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